sábado, 14 de abril de 2007

De noche

Hay veces en las que uno cree que puede irse impunemente a la cama. Días en que llega la noche, el sueño, y uno piensa que es hora de cerrar el boliche porque mañana empieza otra página medianamente en blanco que hay que llenar. Días sin demasiada pena y sin demasiada gloria: días hábiles, días azules y sin marcas en el calendario. Entonces, ya en el final de estos días, uno prende el televisor para programar el reloj despertador (porque mañana hay que hacer todas las cosas que uno no alcanzó a hacer hoy más las que son per se de mañana) y así terminar de la forma más cruel con el hermoso sueño que se degusta. Es ahí cuando, por una mezcla de curiosidad y aburrimiento, uno se digna a ver qué están dando en la tele: nada en el primer canal, una película que no vi desde el principio en el segundo. En el tercero algo más interesante: la transmisión de un video de Village People a la cual me quedo morbosamente pegada. Mis retinas son atrapadas por tanto gay power pero no me molesta. Me distraigo con el ceñido vestuario de látex de los intérpretes, con una enorme bola disco y con un montón de melenas rubias platinadas que se contonean afiebradamente por la música. Me da un poco de risa.
Pero muy pronto esa sensación de nada se ve abruptamente interrumpida. Hay algo que rasga de arriba a abajo esa indeferencia, esa tranquilidad pequeño- burguesa de los que tenemos trabajo, una casa donde vivir, una universidad donde estudiar, una cama donde descansar nuestros huesos y un televisor. Es un jovencito con aspecto de mujer y sombrerito blanco. Un muchacho de ojos azules intensos y una boca insolente. Un hombre que sabe suya a la cámara y, en consecuencia, no tarda en hipnotizarla. La seduce, la lame y después la abandona. Me dice: “With no loving in our souls and no money in our coats”, entonces yo entiendo que este lánguido bienestar se terminó. Entiendo que la melancolía muy pronto entrará por la puerta y se sentará a charlar conmigo, en mi cama. Comprendo que hoy no podré abandonarme fácilmente al descanso. El hombre de la boca húmeda agrega: “Let me whisper in your ear…” y susurra veneno, “leprífica destilación, cuyo efecto es tan contrario a la sangre humana, que rápido como el azogue, corre por las vías naturales y conductos del cuerpo, y con repentino vigor cuaja y corta, como gotas ácidas vertidas en la leche, la sangre sana y fluida.” Diría Shakespeare. El cuerpo se estremece. “I hate that sadness in your eyes…” Entonces uno cae en la cuenta de que toda tranquilidad no es más que una ficción, que apagada la voz del muchachito empezará el concierto de voces propias. Voces que no temen a la oscuridad y que no les interesa demasiado si es muy tarde o lo que haya que hacer mañana, voces que reclaman “when will those clouds all disappear?”.




P.D: El video está bastante malo. Está incompleto y tiene publicidad, pero es el de la transmisión por T.V.

1 comentarios:

camila dijo...

olle cote, stoy de vuelta en santiago, mandame un mail pa que nos juntemos, pa recordar viiiiejoooos tiempos.