
Tengo un serio problema:
"Me gusta rodearme de cosas bellas"
(Eso no lo dije yo sino que Carolina Herrera en una entrevista que leí hace tiempo).
Pero a mí también me gustan las cosas bellas, los objetos bellos. Una especie de obsesión por encontrar exactamente aquello que quiero o de tener exactamente aquello que me gusta (hablo de cosas, artefactos) obsesión que trae como consecuencia una serie de hechos.
En primer lugar, lo bello es siempre caro. El placer estético se paga; y por eso estoy condenada a que el chaleco que me gusta sea siempre el más caro o que el anillo que me gusta sea siempre el de platino u oro blanco. Una de las grandes diferencias (que son muchas) entre un ícono de la moda como Herrera y yo es la cuenta bancaria, de hecho ella TIENE una, lo que le permite acceder a cualquier cosa bonita que le parezca agradable. Yo estoy condenada. Al ser una proletaria no me queda más recurso que apurar el paso frente a las vitrinas, o mirar las cosas con la resignación de un condenado a muerte. Además, debo ser fiel a mi realidad y asumir que no estoy en condiciones de pagar 40 mil pesos por los pantalones más bellos del mundo (famosa es esa anécdota entre mis amigas) o 300 mil pesos por unas botas que en realidad son una oda al buen gusto y la elegancia. Entonces me encuentro en la disyuntiva de o no comprar nada o comprar las cosas en liquidaciones de mall (los que odio) ... hubo un tiempo que escogí la primera, pero me fui quedando con tan poca ropa y tan "a mal traer", que fui quedándome paulatinamente casi desnuda, por lo que por un asunto de necesidad tuve que inclinarme por la segunda.
Por otro lado, las cosas bellas son escasas (y por eso mismo también son caras, tema que desarrollé anteriormente) más aún en este sistema en que la producción es a inmensamente gran escala. Por lo tanto, para mí comprar cualquier cosa es un martirio, una tarea en la cual pierdo días y días porque debo encontrar algo que sea bello, que tenga onda, que me guste y sea barato... es tan difícil conciliar esas aristas que tuve que pasar todo este frío invierno con el único par de zapatillas converse que tengo (que además son de lona) y la mayor parte de éste con un abrigo azul con un hoyo gigante producto del uso. En la última liquidación me compré uno rojo que me dejó medianamente conforme.
Las cosas bellas deberían ser patrimonio de la humanidad. Una especie de socialismo de objetos bellos y únicos. O a lo mejor la solución es más simple: una buena sesión de sicoterapia que cure la fiebre de aquella que escribe.
2 comentarios:
Dicho sea de paso: Los objetos son
incoloros.
Pero si el Abrigo rojo es lindi!!
así que voto por la sicoterapia, pero STOP. Eso si que es plata!!!
Bueno, lo que te queda es cultivar el arte del estilismo jaspeado y oyístico. Además de convencerte de que si estás organizando la panasea latinoamericanista de lo que va del siglo en Chile, el chaleco puede esperar...
A menos que querai ser una ondera del paño de lana de llama.
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