A principios de este mes, mi madre recibió un día una carta con sobre y membrete de la Cámara de Diputados de la República de Chile. En un comienzo se urgió. No sabe por qué. Probablemente porque todo papel con carácter de oficialoide a nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, nos asustan. La cosa es que abrió la carta con su cuchillo cocinero favorito y ahí estaba: la postal de saludo de cumpleaños de nada menos que el Diputado por nuestro distrito, Maximiano Errázuriz (RN). Al reverso, un saludo impreso (lo que me hace pensar en una producción fordista de saludos de cumpleaños) tirado a la emocionalidad y con muchas alusiones a Dios: "que Dios te bendiga...", "que te dé más años de vida..." etcétera. Frente a estas demostraciones de cariño, a mi parecer, uno tiene varias opciones. La primera (porque uno es gente) es agradecer la atención de un diputado por "acordarse" del cumpleaños de uno (aunque, sabiendo como funcionan las cosas, lo más probable es que no fue él quien se acordó, sino su pobre secretario encargado de llevar el registro de los cumple de las viejas de la pobla). La segunda (porque uno es gente pero no es weona) es desconfiar. La tercera es, lisa y llanamente, emputecerse.
Es increíble que tengamos que pagar la mantención de gente tan inútil como la que está en el poder legislativo, y es indignante que tengamos que pagar esa mierda de saluditos de cumpleaños de personas que no nos conocen y a quienes ni siquiera les importamos. Probablemente hasta nos odian por se pobres y por ser rotos. Por ser el populacho, el grupo de viejas que mueve la colita porque ese Señor nos felicita el día de nuestro cumpleaños...
El otro día apareció en televisión un caballo al cual unos tipos castraban en plena calle. Este país (y su congreso) no ha sido capaz de instaurar una ley de protección animal DECENTE en años de vida republicana. De hecho, el proyecto de Ley de Protección (¿desprotección?) Animal ha recibido por parte de nuestros legisladores enmiendas avergonzantes tales como considerar los "actos de crueldad" contra animales no como un delito (como lo establece el artículo 291 del actual Código Penal) sino que como una simple falta, castigado a través de multas irrisorias que irían desde los 29 mil hasta los 290 mil pesos; o servicios comunitarios. Siguiendo con el ejemplo equino, el castigo que recibiría por quedarme en la mano con los testículos de un animal vivo y consciente (a punta de cuchillo) sería, probablemente, pagar cagonas treinta lucas o pintar una pared pública. Un muro que, quizás, fue ensuciado por el mismo imbécil que hace su campaña para ocupar un asiento en el edificio legislativo. La ley de "Protección Animal" está hace más de ocho años en el Congreso, y dada sus inconcebibles características (que le dieron las brillantes mentes parlamentarias) es mejor que duerma ahí para siempre...
Lo que concluyo con toda esta bravata es lo siguiente: "pastelero a tus pasteles". Los señores diputados y senadores deberían dignarse, primero, a hacer su pega y segundo, hacerla bien.
Del cumpleaños de mi vieja, nos encargamos quienes la conocemos y amamos.
2 comentarios:
¡Buenísimo! Te felicito.
Un abrazo.
el viejo culiao me envio una carta parecida!! Que se raje con una beca estudiantil mejor!!
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