
Amo las fiestas. Si de mí dependiese no haría nada más en mi vida que festejar. Todos los días. Por el simple gusto de bailar, saltar, reír y abrazarse con los amigos o incluso con desconocidos. Adoro las fiestas y tengo muchos recuerdos de celebraciones memorables. Estoy segura que la de anoche será una de ellas: Sindicato Sonoro y la Banda Conmoción tocaron hasta pasadas las cinco de la mañana en casa de mi amiga Mayomé... salté como si no hubiera día siguiente, grité, bailé, fumé, canté y me reí como si hubiera estado en prisión por largo tiempo.
Quizás los pobres mortales como uno, más alejada de las experiencias báquicas por llevar una pobre vida de trabajo asalariado y dedicación amorosa a los quehaceres estudiantiles, está un tanto preso de su propia vida, de esa ficción que llamamos rutina. Y probablemente nos libramos un poco de eso durante cada fin de semana. Unos "finde" con más intensidad que otros, claro está.
1 comentarios:
Oiga, oiga, a los que somos tibiecitos para vivir el día a día no nos tiene por que poner esa condena de que estamos viviendo una ficción. ¿Acaso una juerga no es también una construcción? ¿se puede llegar al carnaval en un carrete a puro reaggeton y piscola? ¿el carnaval está exento de formalidades?
Prefiero el abandono de los carretes y su mundanal barullo, para que así cuando lleguen sean disfrutados y recordados. Este sábado con MªMª estuvimos bailando toda la noche, en un pub de treintones -pura musica de mi pubertad y adolescencia-. Y que bueno que no bailo todas las noches porque disfruté mucho esa.
Aparte que no todos los cuerpos, no todos los entes concretos sico-numínicos son iguales, no me gusta el fulgor. De hecho Matsuo Bashô me ayudo a encontrar mi centro:
suzushiza wo
waga yado ni shite
nemaru nari
Hago del fresco
mi propia residencia
(y en ella duermo)
Así es, soy un niño uterino-equinoccial, hartos besos y nos veremos querida...
...perdida
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